lunes, 24 de diciembre de 2012

Capítulo dos:

-¿Esperándome a mí? Pergunté confusa.
-Sí, a usted. Pero por favor, no haga preguntas y salga del edificio en el que se encuentra, ese lugar no es seguro. Ya le explicaremos por el camino.-
-¿Y cómo se yo que me puedo fíar de ustedes y no del señor Baker?-
-Porque usted es la hija de Sarah y James Williams, sus padres murieron asesinados por las personas que se encuentran a su alrededor.-
-Eso no es cierto.- Repliqué -mis padres murieron en un accidente de tráfico.-
-Señorita Williams, sea razonable. ¿De verdad piensa usted que a una chica de cinco años recién huérfana se le va a explicar tal cosa?- Preguntó la voz, con un cierto tono de ironía.
-Vale, y... ¿qué se supone que es lo que tengo que hacer?-
-Primero salga del edificio y encontrará una persona con una gorra de los Lakers. Pregúntele dónde se encuentra Jackson Street y siga las direcciones que éste le proporcione. Una vez allí, busque una Vespa de color rosa. 
-Vale...Lakers, Jackson Street y Vespa rosa... Hecho.- Dije, memorizándolo todo.
-La esperamos en breves momentos señorita Williams.- Respondió la voz. *beep, beep, beep* 
-Vale.- Pensé. -Ahora a buscar la gorra de los Lakers...- Y con eso, salí a la calle. Miré varias veces a mi alrededor pero no encontré nada. Justo cuando empezaba a desesperarme y a pensar que todo esto era una broma pesada, divisé a lo lejos un hombre de mediana edad con una gorra azul de los Lakers, el señor me miraba fijamente con una cara que parecía decir: "No veas la cegata esta que no se da cuenta de nada"
Me acerqué un poco intimidada pero conseguí preguntar: 
-Perdone señor,¿ me podría decir dónde está Jackson Street?-
-Mm... sí, vale...- murmuró, con un cierto aire de desconfianza -Mira, ¿ves esa farola de allí?-
-Sí...- Respondí.
Pues sigue hacia abajo, y en la farola número veinticinco sin contar esta de aquí, gira la cabeza 45 grados y te encontrarás con la calle.- 
-Muchas gracias...- Dije, todavía extrañada por las indicaciones que me había dado.
Corrí calle abajo contando las farolas (cualquiera diría que me había vuelto majara) y cuando llegué a la número veinticinco ví un cartel en el que se leía JACKSON STREET. 
Bajé un poco la mirada y allí encontré a la misma chica que me había dado el número de teléfono, apoyada contra una Vespa rosa y sujetando dos cascos en las manos.
-Hola Danielle, soy Dyanne, pero llámame Didi, por favor.- Dijo intentando sacudirme la mano con el casco.
-Hola Didi, ¿Me puedes explicar qué demonios está pasando?.- Dije, ya notablemente enfadada puesto que no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
-Sube a la moto y te lo cuento por el camino.- 
-No.- Repuse con tono cortante -No me pienso mover de aquí hasta que me lo expliques.-
Me miró con cara exasperada pero al final se dió por vencida.
-Muy bien, si eso es lo que quieres... Mira antes de morir, tus padres formaban parte de una élite llamada la Élite Alfa, ésta, se encargaba de unos asuntos muy importantes que incluso yo desconozco. El caso es que en cada película siempre hay un malo, porque si no ésta no tiene sentido. En este caso es el gobierno porque nuestros asuntos son tan gordos que dicen que probablemente puedan "alterar a la población".- Las últimas palabras las dijo con cierto retintín mostrando su desacuerdo, eso me hizo sonreír un poco. Didi me caía bastante bien, parecía la típica chica despreocupada y aventurera, y eso la hacía bastante sociable.
-¡Eoooo! ¿me estás escuchando?- Me preguntó un poco molesta. 
-Lo siento, sigue por favor.-
-Vale, como iba diciendo, al gobierno no le hacen mucha gracia nuestros planes, por lo que, hace unos años, nos pillaron por sorpresa y se cargaron a unas cuantas de las mentes más prodigiosas de nuestro grupo.-
-Y entre ellos estaban mis padres.- Terminé. 
-Y los míos también, sólo que yo no tuve tanta suerte y me uní a la élite antes, porque no tenía ningún familiar que pudiera cuidar de mí.- Me dijo, un poco apenada.
-¡Oh! ¡Cuánto lo siento! No tenía intención de...- 
-No te preocupes.- Me respondió con una leve sonrisa. -Una se acaba acostumbrando. Bueno, ¿Subes o no?- 
-Mm... vale.- Dije lentamente mientras me ponía el casco y me sentaba detrás suya. -Pero no vayas demasiado rapi...¡Aahhh!- Chillé mientras salíamos pitando de la calle. Didi soltó una sonora carcajada y me dijo: 
-¿Sabes? me caes bastante bien.-
-Gracias,- le respondí. -tú a mí tambíen.-
Como en señal de respuesta aceleró un poco y ví cómo me encaminaba hacia un futuro bastante incierto.

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