lunes, 24 de diciembre de 2012

Capítulo cuatro:

Entré en mi habitación y me tumbé en la cama. ¡Puuuuf! Estaba exhausta después de tantos sucesos en un día. 
De repente se me iluminó una bombilla en la cabeza. La última vez que ví a la abuela estaba perfectamente sana y no la había vuelvo a ver ni viva ni muerta desde entonces... ¿Tan inocente podría haber sido yo como para dejarme raptar así? Comencé a hiperventilar del miedo a que todo fuese un rapto o algo por el estilo. -Venga Danni, relájate y enciende la tele.-
*¡clic!*
En la tele estaban echando el telediario y justo cuando iba a cambiar de canal, me quedé congelada con la noticia:
-Y ahora, con la última noticia del día. Una señora de tercera edad ha sido asesinada mientras hacía de cenar para alguien, todavia se desconoce al individuo, que vivía con ella. Las razones problablemente sean maltrato o parecido. Ahora mismo le están realizando la autoxia pero
*clic!*
-Siento que tuvieras que ver eso.- Me dijo una voz que reconocí de inmediato.
-¡Sam! ¿Cómo has entrado?- Pregunté alarmada.
-Bueno, digamos que atravesar puertas abiertas se me da bastante bien.- Me respondió sonriendo un poco.
-¡Dios, es verdad, la puerta!- Dije, poniéndome de pie.
-No te preocupes, ya la he cerrado yo. Sólo te traía esto por si te animaba un poquito.-
Miré lo que Sam llevaba en la mano y descubrí, una taza de chocolate caliente con nubes de color rosa y nata por encima.
-¡Sam, eres un cielo! Muchísimas gracias.- Chillé poniéndome de pie y dándole un abrazo.
-¡OYE! ¡Cuidado con esto!- Dijo Sam poniendo el platito con la taza en mi mesita de noche. En cuanto se puso recto lo abracé con todas mis fuerzas. 
-De nada preciosa.- Me susurró al oído. -Pero venga,- Dijo, separándome de su lado. -Ahora duermete que mañana no va a ser un dia relajado, eso te lo adelanto.- Me sonrió, con esa dulce y amable sonrisa suya.
-¡Pero si no tengo ni pijama!- Protesté. 
-Busca en los cajones, a ver si encuentras algo.- 
Rebusqué en el primer cajón que había y me encontré un pijama muy suave. 
-Voy a ponérmelo.- Dije, entrando en el baño.
Cuando volví a salir, Sam estaba sentado en un sofá que había en la habitación. 
-Venga peque, duérmete ya.- Me dijo levantándose y yendo hacia la puerta. 
-¿Sam?- 
-Dime.-
-¿Te importa quedarte aquí hasta que me quede dormida?- Pregunté.
-Pues claro.- Dijo, y sonriendo se volvió a sentar en el sofá.

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