miércoles, 26 de diciembre de 2012

Capítulo seis:


Se abrió la puerta para mostrar una habitación redonda con un sofá y varios sillones. Las paredes de la habitación estaban ocupadas por nueve puertas esparcidas desigualmente. Nos sentamos en los sofás y Tami fue la primera en explicarme todo.
-Mira, Danni ¿te puedo llamar Danni? Cada uno de nosotros tiene una cualidad, como te ha explicado Sam hace un rato. Bien pues cada uno de nosotros nos vamos a seguir entrenando hasta las once, tres horas, y después tendremos un descanso de una hora, a las doce empezamos a dar clases reales para no quedarnos atrás y acabar siendo unos analfabetos.- Me dijo Tami sonriendo. 
-Las clases serán de doce a cuatro menos cuarto, es decir, que durarán tres horas y cuarenta y cinco minutos.- Prosiguió Josh. -Tú cada día probarás una actividad nueva para ver en cual te asientas mejor. En cuanto encontremos lo que se te da bien, eso pasará a ser tu don.- Terminó.
-Vale gracias.- Dije sonriendo.
En ese momento, por la puerta de acero apareció una mujer de más o menos unos treinta y seis años. Tenía el pelo rojizo y ondulado recogido en una coleta, la piel era muy pálida y tenía unos labios carnosos y muy rosados. 
-Buenos días pequeños aprendices.- Nos dijo con voz militar, de repente se fijó en mí y se le ablandó la expresión.
-¡Pero si tu eres Danielle Williams! Encantada, yo soy Jane, la entrenadora de estos bichejos.- Saludó.
-Ho-hola, s-soy Danielle...- Tartamudeé.
-Bueno Jane como puedes ver a Danni no se le dan muy bien las presentaciones, pero tranquila que tiene don.- Dijo Sam.
-Eso ni dudarlo enanito.- Respondió Jane riéndose. -Bueno Danielle supongo que ya te habrán informado sobre cómo trabajamos aquí ¿no? Bien, pues chicos, vosotros a lo vuestro y no os pongáis demasiado celosos si esta semana le presto especial atención a la chica nueva.- Comentó la entrenadora.
Jane me cayó bien al instante, era la típica persona en la que se podía confiar. 
Empecé a entrenar con Didi y sus pistolas en una sala con muchísimos aparatos de tiro al blanco. Sam tenía razón, era increíble la facilidad con la que mi amiga destrozaba cualquier obstáculo de un balazo.
Cuando terminó la hora, fuimos a comer y después tuvimos Historia del Arte con Jane. Todo se me pasó volando, lo que en parte fue un alivio porque quería volver lo antes posible a mi habitación.
Cuando terminamos, todos tenían pensado ir a una heladería que había cerca de Jackson Street, la calle donde descubrí por primera vez lo que era la Élite Alfa. 
-¡Me voy a pedir un helado enorme de chocolate!- Dijo Cammy, ya soñando con su helado.
-Pues el mío va a ser de vainilla- Dijo Sam.
-Pues yo la verdad es que no tengo muchas ganas de ir, que digamos.- Solté.
Todos me miraron asombrados.
-¿Te pasa algo cielo?- Me preguntó Tami preocupada.
-No Tami, perdóname.-Le respondí. -Sólo estoy un poco cansada, eso es todo.
-Mira Danni, ¿por qué no te vas a tu cuarto y esta tarde la pasas tranquilita? Creo que te vendrá bien.- Me dijo Josh.
-Vale, eso haré Josh, gracias, en serio, siento mucho fastidiaros los planes chicos pero es que estoy agotadísima.- Intenté excusarme.
-No te procupes Danni,- me dijo Oliver. -Íbamos a ir de todas formas.
-¡Capullo!- Le dije riéndome y dándole un empujón. -Bueno pues nada, os veo a la hora de la cena.

Nos despedimos y me encaminé hacia mi cuarto, iba tan cansada que arrastraba los pies exageradamente. De repente, me paré, me pegué una torta a mí misma y empecé a partirme de la risa yo sola en el pasillo. Cuanto más me daba cuenta de que estaba haciendo el ridículo, más me reía y acabé en un mar de lágrimas y uno de esos "¡aaaaay!" que te entran al terminar de reírte.


Al final, logré entrar en mi habitación soltando risotadas de vez en cuando. Me sentía feliz, me hacía mucha falta reírme y por fin lo había conseguido, de una manera extraña, pero lo había conseguido.


Me tumbé en la cama exhausta y me quedé dormida en cero coma. Dos horas más tarde, me desperté bastante aturdida, rebusqué en el segundo cajón y encontré unos vaqueros y un jersey rosa. Salí al pasillo a dar una vuelta 
y para refrescarme un rato. Cuando llevaba una media hora más o menos recorriendo pasillos, me encontré con la anciana que me había abierto la puerta cuando entré por primera vez en el despacho de la señorita Montreal.

-¡Señorita Danielle! ¡La... estaba... buscando!- Me dijo, intentando recuperar el aliento.

-¿A mí?- Pregunté.
-Si, si... a usted. Me respondió tranquilizándose un poco.-Es que acaba de llegar un nuevo componente de su grupo, su madre acaba de morir, se llama Gonzalo y es de España. Yo no puedo ocuparme de él porque la Señora Montreal me necesita, por lo que venía a pedirle si usted le puede ayudar.

Me quedé pilladísima, otro desafortunado... la vida era injustísima...


-No se preocupe, yo le ayudo.- Le dije.

-Muchísimas gracias señorita Danielle, voy a llamarlo no se mueva de aquí, por favor.- Me avisó la anciana mientras volvía a salir corriendo.

Esperé como mucho diez minutos y ya aparecía la señora de nuevo. A su lado, había un niño que tenía como máximo unos quince años. Tenía el pelo castaño oscuro y los ojos marrones, era muy delgado y tenía cara de cansado. 


-Señorita Danielle, este es Gonzalo Díaz Martín, el nuevo chico que ha llegado desde España. Llévelo al despacho de la Señora Montreal y más tarde, a la habitación 174, la contigua a la suya. Cuando se haya relajado un poco, bajen al comedor a cenar y mañana presénteselo a la Maestra Jane. 

-Muy bien, ahora mismo vamos.- Le aseguré. -Por cierto, ¿cómo se llama usted?-
La señora sonrió y me contestó: -Soy Ninian Basquett, pero por favor, llámeme Nina.
-Muy bien, gracias Nina, yo me encargo de Gonzalo. Le volví a asegurar.

La vimos alejarse por el pasillo y cuando ya no estaba más a la vista, me giré hacia Gonzalo y le dije:

-Bienvenido a la Élite Alfa.

2 comentarios:

  1. Cuando dice: Salí al pasillo a dar una vuelta
    y para refrescarme un rato.
    Ahí no sé por qué te has saltado de línea, borralá.

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